Ganivelles con vallas abiertas hechas de cable y finos postes de madera de castaño que se utilizan en el borde del mar para proteger a las dunas del viento, de al gente y para cerrar la frágil vida vegetal que crece allí (clematis, hierba de playa, madreselva...etc.) En este refugio el suelo puede recuperarse y una comunidad amplia de plantas pueden echar raíces, cada una de ellas aportando algo, no hay malas hierbas en la zona.
Viajando por la costa Atlántica, se ven densos alineamientos de grandes postes colocados verticalmente sobre el terreno. Estos sistemas se colocan habitualmente paralelos a las playas o al mar. Constituyen un vocabulario, una identificación del lugar al que protegen. Las líneas de la valla de Ganivelle son lo propio en el frágil paisaje dunar, que actúa como barrera frente al viento y ancla la arena a la vida vegetal permitiéndole que se establezca; son las vallas que ponen a prueba el deterioro del paisaje. Mientras marcan el paisaje, se convierten en él. Aquí las vallas de la playa de una escala estructural bastante ciclópea, protegen y encierran espacios simulando castillos de arena petrificados, sus cubierta están también plantadas con vegetación.
La estructura de madera del proyecto está construida en madera de castaño, al igual que las vallas de madera que se extienden en toda la longitud de las dunas. Esta madera, procedente de recursos sostenibles, se deja sin terminar ni tratar. Las dimensiones de la madera y el espaciado entre ellas, han sido calculadas de forma que reproduzcan el efecto visual de un vallado dunar, permitiendo una vista clara del mar desde el interior del edificio. Visto desde la playa, con el efecto de la perspectiva, el edificio se mezcla con el paisaje.
El cuerpo principal del edificio, en la planta baja, se encuentra sobre la arena limitando el impacto visual de la construcción en una vista de horizonte (la playa, el paseo, el océano). Los muros del cuerpo son de hormigón tintado, terminados con arena cuando todavía se encontraba húmedo para permitir que tuviera el color y la textura de la playa.
Desde la carretera, un camino cruza el lugar separando e identificando dos de los programas específicos para los clientes (el edificio para la Federación de Surf Francesa y el nuevo restaurante gastronómico del chef local Jean Cossau), mientras que se mantiene la coherencia y la continuidad del proyecto. Este cruce es un espacio público que permite el acceso a la playa y crea un lugar de encuentro. Las dos entradas se encuentran también allí, abriéndose directamente sobre la circulación interna de cada edificio. Esta circulación corre paralela a la playa a través de un eje acristalado apuntado en cada esquina con un patio para la Federación Francesa de Surf y en el otro para el restaurante. Esta organización espacial permite vistas constante del exterior. También promueve la entrada de luz natural, la ventilación y enfatiza la compacidad del paisaje dentro del edificio, La presencia del exterior dentro se acentúa en el uso de los materiales, el vallado y la coloración y el acabado arenado del hormigón en los espacios de circulación, esto último contribuye a la masa térmica del edificio.
El proyecto subraya un tipo de arquitectura cuya apariencia, los materiales y su función se derivan directamente de lo vernáculo. La atmósfera se encuentra en calma y bañada por luz. La paleta de colores es natural, al igual que la arena, la madera y la fábrica, de color beige y ocre.